El problema de estar en una etapa de veinteañerismos es que las hormonas, por increíble que parezca, están aún más revolucionadas que a los 15. Una se vuelve loca, refunfuña, se enfada, piensa que es fea {xD} y mil tonterías más. ¿Por qué? Porque quiero sexo. Así de simple, y a veces así de complicado.
¿Lo bueno? Que con 15 años daba vergüenza reconocerlo y, más aún, pedirlo o buscarlo. En un momento veinteañeril eres raro si no lo haces.
viernes 14 de noviembre de 2008
viernes 31 de octubre de 2008
¿Qué perdemos?
El último post de Bea me ha, por así decirlo, inspirado. He decidido hacer una tonta lista {qué absurdo juego palabril} de cosas que uno puede perder a lo largo de su vida:
- Las llaves.
- Una oportunidad de oro.
- La virginidad.
- Un dedo de la mano {quién sabe}.
- Un amor. Pequeño o grande.
- Una bufanda {y la rabia que da}.
- Un número de teléfono.
- Un amigo.
- El autobús.
- Una clase interesante.
- Una exposición de arte.
- La dignidad {ojalá que no}.
- El pelo, los dientes.
- Peso.
- El orgullo.
- La paciencia {¡qué típico!}.
- El tiempo.
- Un calcetín que te gusta.
- Un recuerdo.
Se me ocurre una inmensa cantidad de cosas. En ocasiones, perder no es necesariamente algo malo. ¿Qué opináis? ¿Qué perdéis?
- Las llaves.
- Una oportunidad de oro.
- La virginidad.
- Un dedo de la mano {quién sabe}.
- Un amor. Pequeño o grande.
- Una bufanda {y la rabia que da}.
- Un número de teléfono.
- Un amigo.
- El autobús.
- Una clase interesante.
- Una exposición de arte.
- La dignidad {ojalá que no}.
- El pelo, los dientes.
- Peso.
- El orgullo.
- La paciencia {¡qué típico!}.
- El tiempo.
- Un calcetín que te gusta.
- Un recuerdo.
Se me ocurre una inmensa cantidad de cosas. En ocasiones, perder no es necesariamente algo malo. ¿Qué opináis? ¿Qué perdéis?
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perder
viernes 24 de octubre de 2008
El cuerpo de Asura
Asura soy yo. Yo pensaba que aún no había puesto una cara a esta persona que soy, pero luego me dí cuenta de que aparezco en el perfil, sí señor. Con pelo liso y flequillo, es decir, mi imagen más "alejada". Porque en realidad soy un amasijo de ricillos, habitualmente sin flequillo. Los ojos verdes, eso sí, ahí siguen. En su sitio. Igual de verdes. De lunes a viernes, rodeados de ojeras. En otros momentos algo más agraciados, pues con maquillaje y cosas típicas del sector femenino {salvo excepciones en ambos géneros}.
Bien. Tengo una cara para vosotros, y también un nombre. Aunque no sea el mío, juju. Asura es el personaje de un libro con muchas analogías conmigo {me encantan las oraciones ambiguas: ¿qué tiene analogías conmigo, el libro, el personaje...? Ambos}, Asura es el kishin de Soul Eater... Asura es muchas cosas y soy yo a tiempo parcial, es decir, cuando no soy verdaderamente yo.
Veamos. Tenéis la cara y el nombre. Creo que falta algo muy importante. El cuerpo. Sí, el cuerpo. Eso a lo que tantas veces me he enfrentado cuando era una adolescente, eso que a veces no comprendía y eso que ahora ofrezco sin tapujos al mundo. Porque, seamos sinceros, nunca he sido y nunca seré un esqueleto andante, un saco de huesos ni un pivón despampanante con unas piernas de infarto y unas enormes y bien ubicadas tetas. Yo soy... yo. Yo y mi cuerpo modesto. Yo y mi espalda, que considero bonita; yo y mis pechos pequeños, pero bien puestos; yo y mi tripa lisa y adornada con tinta y metal; yo y mis contundentes {es decir, enormes} caderas; yo y mis piernas anchas y con sobrecarga de grasa; yo y mis pies y manos grandes y agradables de ver; yo con mis brazos no muy firmes; yo con mi cuello lleno de marcas de "nacimiento". Yooo. Ni más ni menos, es lo que hay: cosas buenas, otras no tanto, otras malas. Pero soy yo. Y necesito una foto de presentación corporal, pero sin cara. Aquí va:

De esta imagen podréis intuir muchas cosas, en su mayoría acertadas: que me encanta irme de compras y ponerme mona de vez en cuando, que soy algo más alta que la media, que soy una friki de los tacones. Sin embargo, hay algo que jamás podréis intuir, sino afirmar: mi cuerpo. Una realidad. La mía.
Bien. Tengo una cara para vosotros, y también un nombre. Aunque no sea el mío, juju. Asura es el personaje de un libro con muchas analogías conmigo {me encantan las oraciones ambiguas: ¿qué tiene analogías conmigo, el libro, el personaje...? Ambos}, Asura es el kishin de Soul Eater... Asura es muchas cosas y soy yo a tiempo parcial, es decir, cuando no soy verdaderamente yo.
Veamos. Tenéis la cara y el nombre. Creo que falta algo muy importante. El cuerpo. Sí, el cuerpo. Eso a lo que tantas veces me he enfrentado cuando era una adolescente, eso que a veces no comprendía y eso que ahora ofrezco sin tapujos al mundo. Porque, seamos sinceros, nunca he sido y nunca seré un esqueleto andante, un saco de huesos ni un pivón despampanante con unas piernas de infarto y unas enormes y bien ubicadas tetas. Yo soy... yo. Yo y mi cuerpo modesto. Yo y mi espalda, que considero bonita; yo y mis pechos pequeños, pero bien puestos; yo y mi tripa lisa y adornada con tinta y metal; yo y mis contundentes {es decir, enormes} caderas; yo y mis piernas anchas y con sobrecarga de grasa; yo y mis pies y manos grandes y agradables de ver; yo con mis brazos no muy firmes; yo con mi cuello lleno de marcas de "nacimiento". Yooo. Ni más ni menos, es lo que hay: cosas buenas, otras no tanto, otras malas. Pero soy yo. Y necesito una foto de presentación corporal, pero sin cara. Aquí va:
De esta imagen podréis intuir muchas cosas, en su mayoría acertadas: que me encanta irme de compras y ponerme mona de vez en cuando, que soy algo más alta que la media, que soy una friki de los tacones. Sin embargo, hay algo que jamás podréis intuir, sino afirmar: mi cuerpo. Una realidad. La mía.
martes 21 de octubre de 2008
Heee vuelto.
Pues sí, he vuelto.
Pues sí. Sí. En tercero de filología hispánica han decidido enseñarnos a escribir. Vamos, no a escribir propiamente dicho. A poner puntos y comas. Y tildes. Y cosas de esas. "Redacción y composición" se llama la asignatura. He de decir que, un par de semanas después de empezar, me siento una inútil integral que no sabe utilizar los signos de puntuación. A decir verdad, me nutro de puntos y comas, a veces puntos suspensivos. El punto y coma, los guiones... eso no existe para mí.
Soy una pobre ignorante pero, eso sí, el día de mañana opositaré y me desangraré en tinta, estaré en paro, reventaré y acabaré currando en un Mc Donalds. Porque soy ignorante. Pero no tanto. ¿O sí?
Estoy buscando alguien a quien enlazar desde este blog. ¿Sugerencias? ¿Recomendaciones? ¿Alguien quiere un cambio de links?
Pues sí. Sí. En tercero de filología hispánica han decidido enseñarnos a escribir. Vamos, no a escribir propiamente dicho. A poner puntos y comas. Y tildes. Y cosas de esas. "Redacción y composición" se llama la asignatura. He de decir que, un par de semanas después de empezar, me siento una inútil integral que no sabe utilizar los signos de puntuación. A decir verdad, me nutro de puntos y comas, a veces puntos suspensivos. El punto y coma, los guiones... eso no existe para mí.
Soy una pobre ignorante pero, eso sí, el día de mañana opositaré y me desangraré en tinta, estaré en paro, reventaré y acabaré currando en un Mc Donalds. Porque soy ignorante. Pero no tanto. ¿O sí?
Estoy buscando alguien a quien enlazar desde este blog. ¿Sugerencias? ¿Recomendaciones? ¿Alguien quiere un cambio de links?
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filología
domingo 7 de septiembre de 2008
"El cuaderno de escribir"
Hoy ha visto de nuevo la luz mi "cuaderno de escribir". Estaba entre un montón de lazos, papeles de colores, pegatinas y demás cosas que tengo en el cajón de las cosas-prácticas-para-hacer-manualidades. ¿Qué es, en realidad? No es más que una libreta con una ilustración con un pseudo-holograma, de Jordi Labanda. Que sí, muy cursi. Quizá demasiado femenino o demasiado pijo. El caso es que la mayoría de libretas de escribir que tengo por casa las ha diseñado ese tipo, por quien tengo una cierta debilidad.
Pues bien. Dicha libreta nos muestra a una pareja muy estilosa delante de un coche. Abrazados. Ella lleva un osito de peluche, él lleva gafas de pasta negras. ¿Irrelevante? Del todo. Lo que cuenta es el contenido. Este cuaderno llevo escribiéndolo cuatro años, se dice pronto. Al principio era una especie de diario en el que sólo garabateaba con pilot rosa.... el colmo de lo ñoño. Luego pasó a parir confesiones algo más concretas, sin rosa. De un tiempo a esta parte era una especie de "scrapbook", es decir, un especimen de álbum de fotos con recortes y tal y cual. Me quedaba bonito, había páginas que parecían pertenecer a una auténtica esquizofrénica. Había fotos mías de muchos colores. Había labios de colores, frases bonitas, rayas que yo misma pintaba. Porque dibujar en un diario también dice mucho de una.
Hoy rescaté el maldito cuaderno. Maldito, digo, porque sólo sale a la luz cuando mi vida se desestabiliza. Parece ser que, como medida de evasión, escribir me funciona. Quizá debería intentarlo más a menudo sin tener que llegar a algún límite... "algún", porque, francamente, ¡no tengo ni idea de lo que pasa! No hay nada más extraño que vivir un día -y otro, y otro- sin saber muy bien qué pasa. Pero bueno. Siempre tendré mi cuaderno. Al menos, absorbe la tinta. Creo que en un momento de absoluta necesidad sería capaz de absorber mares de lágrimas.
Pues bien. Dicha libreta nos muestra a una pareja muy estilosa delante de un coche. Abrazados. Ella lleva un osito de peluche, él lleva gafas de pasta negras. ¿Irrelevante? Del todo. Lo que cuenta es el contenido. Este cuaderno llevo escribiéndolo cuatro años, se dice pronto. Al principio era una especie de diario en el que sólo garabateaba con pilot rosa.... el colmo de lo ñoño. Luego pasó a parir confesiones algo más concretas, sin rosa. De un tiempo a esta parte era una especie de "scrapbook", es decir, un especimen de álbum de fotos con recortes y tal y cual. Me quedaba bonito, había páginas que parecían pertenecer a una auténtica esquizofrénica. Había fotos mías de muchos colores. Había labios de colores, frases bonitas, rayas que yo misma pintaba. Porque dibujar en un diario también dice mucho de una.
Hoy rescaté el maldito cuaderno. Maldito, digo, porque sólo sale a la luz cuando mi vida se desestabiliza. Parece ser que, como medida de evasión, escribir me funciona. Quizá debería intentarlo más a menudo sin tener que llegar a algún límite... "algún", porque, francamente, ¡no tengo ni idea de lo que pasa! No hay nada más extraño que vivir un día -y otro, y otro- sin saber muy bien qué pasa. Pero bueno. Siempre tendré mi cuaderno. Al menos, absorbe la tinta. Creo que en un momento de absoluta necesidad sería capaz de absorber mares de lágrimas.
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el cuaderno
martes 2 de septiembre de 2008
Ansias de sangre
¿Por qué al ser humano le fascina la sangre, las carnicerías, las matanzas, la más física crueldad? Ejem. Ponemos el telediario y enseguida cambiamos, horrorizados, al contemplar el cadáver de un niño, algún superviviente ensangrentado, víctimas de una catástrofe natural... la lista es infinita. Sin embargo, buscamos la carnaza, lo violento. Nos encanta leer acerca de muertes -¡cuanto más macabras, mejor!-, violaciones, despellejamientos -experiencia personal de Un mundo sin fin- y demás acciones macabras y dantescas. Siempre queremos más. En las películas no es diferente: los tiroteos, explosiones y fallecimientos diversos están a la orden del día, y cualquier filme que difiera de este género es considerado "una peli de nenas".
He de confesarme, queridos lectores. He de confesar que me encantan las pelis de guerra, por algún extraño motivo. Y también que soy una adicta a Gantz, el manga con más masacres y violencia gratuita que me he encontrado hasta el momento. Me encanta Gantz. Adoro ver a los protagonistas debatiéndose entre la vida y la muerte. Me encanta ver cómo los monstruos los destrozan como si fueran amrionetas, y me trago los capítulos ensimismadísima, esperando ver un desmembramiento o algo peor. ¡Es genial! Debo estar enferma, pues tanta brutalidad me llena de un extraño regocijo. Leed Gantz, por favor. Sé que os gustará, ya no sólo por la sangre, sino porque la historia está muy currada. Aunque la sangre es, desde luego, un punto muy grande a su favor.
Creo que mi mente malévola y morbosa es fruto de una sociedad que nos ha acostumbrado a las cosas más perversas y macabras. Ni los niños se sorprenden ya por nada. Eso sí, las imágenes de cadáveres en el telediario a la hora de comer siguen siendo tabú...
He de confesarme, queridos lectores. He de confesar que me encantan las pelis de guerra, por algún extraño motivo. Y también que soy una adicta a Gantz, el manga con más masacres y violencia gratuita que me he encontrado hasta el momento. Me encanta Gantz. Adoro ver a los protagonistas debatiéndose entre la vida y la muerte. Me encanta ver cómo los monstruos los destrozan como si fueran amrionetas, y me trago los capítulos ensimismadísima, esperando ver un desmembramiento o algo peor. ¡Es genial! Debo estar enferma, pues tanta brutalidad me llena de un extraño regocijo. Leed Gantz, por favor. Sé que os gustará, ya no sólo por la sangre, sino porque la historia está muy currada. Aunque la sangre es, desde luego, un punto muy grande a su favor.
Creo que mi mente malévola y morbosa es fruto de una sociedad que nos ha acostumbrado a las cosas más perversas y macabras. Ni los niños se sorprenden ya por nada. Eso sí, las imágenes de cadáveres en el telediario a la hora de comer siguen siendo tabú...
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domingo 31 de agosto de 2008
El comienzo
Qué complicado es escribir algo sobre uno mismo, especialmente cuando va dirigido a una audiencia a la que ni siquiera conoces.
Pues bien, soy Asura. Asura no es mi cerdadero nombre -el mío es mucho más normal, digamos que es clásico y elegante-, es un pseudónimo adquirido de diversos sitios que ahora no vienen al caso. Resido en una villa al norte de Asturias, y me enorgullecen mis raíces.
Como el propio nombre de este blog indica, soy una veinteañera como tantas otras. No creo ser especial, ni única, ni me creo destacada en nada. Sin embargo, sí que hay algo que siempre podré aportar al mundo {le interese o no}: una opinión sincera y desinteresada. Tiendo a decir lo que pienso y soy muy crítica con todo aquello que me rodea, incluyéndome en el lote de cosas criticables. Probablemente nunca habréis conocido a alguien que hable con tanta franqueza, desparpajo y, en ocasiones, vulgaridad. Es el precio de la sinceridad y la crítica abierta.
Dejemos este tono tan seriote, os voy a contar algo más de mí. Estudio en una mugrienta facultad plagada de jipis y jevis, en la universidad de Oviedo. La carrera que he elegido es Filología Hispánica. En breve empezaré el tercer curso. Me gusta la literatura, me gusta también la lengua, y soy una lectora compulsiva. Es un problema querer dejar todo lo que estás haciendo por volver a un libro que te engancha. Cuando uno sale un sábado y, entre chupitos, piensa "joder, qué ganas de llegar a casa y leer aunque sólo sea un parrafito", es obvio que la enfermedad de la lectura te ha mordido el culo y ya no se va a alejar.
¿Qué más? Tengo una amplísima vida en la red, varios proyectos web, frecuento foros, tengo un tuenti y un fotolog {ya véis, soy una veinteañera del montonazo} y... ¡sé programar! Porque soy de letras, pero no soy una ignorante descerebrada. Me gusta programar, escuchar música de muy diversos tipos, leer lo que sea y cuando sea {creo que esto ya es obvio}, escribir y dibujar -a pesar de ser costumbres que estoy dejando de lado-, salir de compras y frikear. Sí, soy tremendamente friki. Adoro el manga, los videojuegos y, en general, todo lo que pueda pertenecer a un universo paralelo. De nuevo, sigo siendo normal.
Pero yo llevo gafas. Paso muchas horas tras unos cristalitos rodeados de una montura de colores. El único momento en que me las quito es para entrar a algún bar un sábado de noche: he tenido malas experiencias con bailoteos demasiado exagerados que dieron lugar a mis gafas siendo propulsadas contra la pared. Desde entonces, renuncio a una buena visión en beneficio de mis pobres gafas, que no deberían sufrir golpes innecesarios.
Comparto mi vida con una familia de lo más normal, unos amigos que son bastante menos normales que mi familia -digamos que fluctúan entre lo extravagante y lo chiflado, pero son buenas gentes- y un hombre parecido a mí, pero a la vez muy distinto. Supongo que por eso nos llevamos bien.
Creo que es momento de concluir con esta introducción. Pronto me pondré a escribir sobre cosas más trascendentales: leeréis las opiniones de una veinteañera un poco desquiciada, muy mordaz y, puede que a veces, incluso brillante. Espero muchos comentarios, así que aplicaos.
Pues bien, soy Asura. Asura no es mi cerdadero nombre -el mío es mucho más normal, digamos que es clásico y elegante-, es un pseudónimo adquirido de diversos sitios que ahora no vienen al caso. Resido en una villa al norte de Asturias, y me enorgullecen mis raíces.
Como el propio nombre de este blog indica, soy una veinteañera como tantas otras. No creo ser especial, ni única, ni me creo destacada en nada. Sin embargo, sí que hay algo que siempre podré aportar al mundo {le interese o no}: una opinión sincera y desinteresada. Tiendo a decir lo que pienso y soy muy crítica con todo aquello que me rodea, incluyéndome en el lote de cosas criticables. Probablemente nunca habréis conocido a alguien que hable con tanta franqueza, desparpajo y, en ocasiones, vulgaridad. Es el precio de la sinceridad y la crítica abierta.
Dejemos este tono tan seriote, os voy a contar algo más de mí. Estudio en una mugrienta facultad plagada de jipis y jevis, en la universidad de Oviedo. La carrera que he elegido es Filología Hispánica. En breve empezaré el tercer curso. Me gusta la literatura, me gusta también la lengua, y soy una lectora compulsiva. Es un problema querer dejar todo lo que estás haciendo por volver a un libro que te engancha. Cuando uno sale un sábado y, entre chupitos, piensa "joder, qué ganas de llegar a casa y leer aunque sólo sea un parrafito", es obvio que la enfermedad de la lectura te ha mordido el culo y ya no se va a alejar.
¿Qué más? Tengo una amplísima vida en la red, varios proyectos web, frecuento foros, tengo un tuenti y un fotolog {ya véis, soy una veinteañera del montonazo} y... ¡sé programar! Porque soy de letras, pero no soy una ignorante descerebrada. Me gusta programar, escuchar música de muy diversos tipos, leer lo que sea y cuando sea {creo que esto ya es obvio}, escribir y dibujar -a pesar de ser costumbres que estoy dejando de lado-, salir de compras y frikear. Sí, soy tremendamente friki. Adoro el manga, los videojuegos y, en general, todo lo que pueda pertenecer a un universo paralelo. De nuevo, sigo siendo normal.
Pero yo llevo gafas. Paso muchas horas tras unos cristalitos rodeados de una montura de colores. El único momento en que me las quito es para entrar a algún bar un sábado de noche: he tenido malas experiencias con bailoteos demasiado exagerados que dieron lugar a mis gafas siendo propulsadas contra la pared. Desde entonces, renuncio a una buena visión en beneficio de mis pobres gafas, que no deberían sufrir golpes innecesarios.
Comparto mi vida con una familia de lo más normal, unos amigos que son bastante menos normales que mi familia -digamos que fluctúan entre lo extravagante y lo chiflado, pero son buenas gentes- y un hombre parecido a mí, pero a la vez muy distinto. Supongo que por eso nos llevamos bien.
Creo que es momento de concluir con esta introducción. Pronto me pondré a escribir sobre cosas más trascendentales: leeréis las opiniones de una veinteañera un poco desquiciada, muy mordaz y, puede que a veces, incluso brillante. Espero muchos comentarios, así que aplicaos.
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